BICICLETA
DE MONTAÑA:
TRANSGUADARRAMA
EL ESCORIAL – CANENCIA (112
Km)
DATOS
TÉCNICOS
|
LUGAR |
ALTITUD |
PARCIAL (Km) |
PARCIAL ( T ) |
ACUM. (Km) |
ACUM. ( T ) |
|
El Escorial |
1.030 |
0 |
0 |
0 |
0 |
|
Pto. Del Malagón |
1.534 |
11,88 |
1:17 |
11,88 |
1:17 |
|
Collado de la Mina |
1.710 |
12,84 |
1:07 |
24,72 |
2:24 |
|
Pto de los Leones |
1.511 |
5,32 |
0:23 |
30,04 |
2:47 |
|
Cercedilla |
1.188 |
10,59 |
0:57 |
40,63 |
3:44 |
|
Pto. De la Fuenfria |
1.796 |
13,09 |
1:24 |
53,72 |
5:08 |
|
Carretera 7 revueltas. |
1.275 |
8,23 |
0:31 |
61,95 |
5:39 |
|
Pto. De Cotos |
1.830 |
6,15 |
0:59 |
68,1 |
6:38 |
|
Campamentos el Paular |
1.200 |
13,49 |
0:52 |
81,59 |
7:30 |
|
Pto. De la Morcuera |
1.796 |
11,42 |
1:24 |
93,01 |
8:54 |
|
Pto. De Canencia |
1.524 |
9,87 |
0:43 |
102,88 |
9:37 |
|
Canencia |
1.150 |
9,16 |
0:19 |
112,04 |
9:56 |
|
TOTALES |
DISTANCIA |
TIEMPO |
VEL.MÁX. |
VEL.MEDIA |
|
|
112,04 km |
9h 56min |
56,6 km/h |
11,26 km/h |
GRÁFICO DE PERFILES

DESCRIPCIÓN
DEL RECORRIDO
112 kilómetros por la Sierra de Guadarrama, con sus cuestas, sus
mini-comidas y sobre todo muchas, muchas vacas. Un itinerario recomendable,
aunque se pasen peripecias como las que nosotros hemos ”disfrutado”, pero que
nos han hecho descubrir que lo que más nos gusta es la aventura y lo que
conlleva...
La travesía tuvo su forja, su idea y planteamiento en varios fines de semana anteriores, en los cuales pudimos darnos cuenta de que entre lo que uno se piensa y lo que realmente es posible hacer, hay una ligera diferencia. No voy a relatar aquí cuáles son esas diferencias, ya que todas se resumen en una, en esa época del año, en los transportes que dejan llevar las bicis, etc.; sólo lo pudimos hacer de esta manera:
Todo empezó en un ascensor y en la forma caótica de introducir en él las bicis, alforjas, esterillas, sacos; menos mal que hay que ser un cenizo para pasar tal trance sin partirse de risa, en nuestro caso fue el detonante de ese y otros momentos realmente cómicos.

En fin, nos dirigimos en nuestros “armarios portátiles” a la estación de RENFE más próxima, Nuevos Ministerios, cogimos el tren que salía a El Escorial a las 17’30 y llegaba a las 19’30, empezamos con los estiramientos y una vez acabados éstos nos pusimos a dar a los pedales en dirección a la Casita del Príncipe, un parque que cruzándolo, te lleva delante del Monasterio.
Una vez en la puerta principal del Monasterio cogimos la carretera que pasa por él, torciendo a la derecha y tras pasar bajo unos arcos pillamos toda una serie de cuestas, las cuales nos pusieron a tono de lo que nos esperaba. Tomamos la carretera que sube a Abantos y dado que subimos hechos unos “toritos”, y quedaba algo de luz, seguimos pedaleando hacia Peguerinos y en un pinar bien chulo con mesitas incluidas plantamos la primera dormida. Cenita guay, estiramientos, fuente cercana, y lo mejor, dulces sueños.
Más de 100 km
Tras la noche viene el día y con él, el principio de una larga jornada. Desayuno y ¡ala!, a las bicis. Comenzamos con una buena bajada, todo para desentumecer los músculos y aprovechar el fresquito mañanero, antes de volver a sufrir las cuestas que nos llevarán al Puerto de la Mina. Desde allí, una bajada un poco incómoda por el firme de la pista, y llegada al Puerto de los Leones. ¡Qué bien sienta un cafetín con pastita incluida y sentada en algo que no sea el sillín de la bici!.
Tras el lapsus de la terracita del bar, vuelta a lo nuestro. Unos pocos kilómetros de carretera, bajada a Cercedilla porque los de ICONA, en la temporada estival, cierran la pista del valle del río Moros para prevenir posibles incendios y vandalismos de todos esos que van al monte a hacer lo que en su casa no se les ocurre. Así que bajada que no estaba programada por pista de tierra, fotos a La Peñota, sol a raudales, y aromas de buena comida llegando a los chalés. Pasadas de vayas con izadas rompebrazos, los míos no, eso se lo dejaba a mi compi Antonio, buen chico.
Llegamos a la estación de
Cercedilla y empezamos la subida hacia Las Dehesas. Un comienzo fuerte, pero
con el plato mariquita y bajo un sol potente, llegamos al Mirador. A partir de
ahí, la subida se suaviza hasta La Fuenfría. Llegamos y ¡qué hambre!, de esos
que hacen historia. La pena es que con eso de que la comida pesa nos acogimos a
lo de “poco peso pero muchas calorías”, y la verdad, no es tan suculenta como la de mesa puesta, pero ya
llegará nuestra hora y nos daremos un homenaje.
Después de la comida, bajada preciosa
hacia la Fuente de la Reina por los pinares de Valsaín, para una vez llegando a
la carretera y tras unos kilómetros pinos, cruzar una cancela a mano izquierda
para seguir la pista que nos conducirá a Cotos. No sé si estábamos ya cansados,
pero lo de la subida fue penoso. Antonio bien, no se bajó de la bici en ningún
momento; yo iba como un alma en pena, ahora me bajo y ahora no. La verdad es
que las rampas más sufridas las hice andando.

¡Por fin Cotos!, bienvenida a la
Venta Marcelino. Cenita acompañada de refrescos y qué os voy a contar, una
gozada. Todavía nos quedaba bajar hacia el desvío de la Morcuera y buscar un
buen lugar para sobar o planchar la oreja, como gustéis. El sitio apareció y de
lujo, pinos, prados y pozas de agua nos rodeaban; luego estiramientos y lo
mejor, la leche con deliciosos grumos para seguidamente perder el conocimiento
en el sobre.
Último día, fin de jornadas de
pedaleo. El tiempo sigue acompañando. Tras levantarnos, hacer los estiramientos
oportunos, asearnos como podemos y desayunar, comenzamos a recorrer el último
trozo de bajada que nos llev
ará a la pista que sube a la Morcuera.
Se hizo una parada en la fuente para degustar una
limonada fresquita marca Tang y seguimos. Alcanzamos el refugio de
la
Morcuera,
desde allí pillamos la carretera a la izquierda para llegar a una cancela a
mano derecha que nos guía por una pista hacia el principio de la bajada a
Canencia. Llegada a un pinar merendero con los “devora-chuletas”, también
llamados domingueros. Nuestros jugos gástricos empiezan a dar cuenta del
hambre, por ello ponemos el turbo y tras la entrada triunfal en Canencia,
parada en seco en el bar donde degustamos un menú de cuatro para dos. ¡Qué
felicidad!, con deciros que al ver la cara de satisfacción que poníamos el cocinero
nos adelantó los menús para el invierno, dijo algo de cocido y fabada.
En resumidas cuentas, querer es
poder, y fue una travesía preciosa y divertida que deja ganas de repetirla en
su época invernal, rodeados de nieve. El paisaje debe ser alucinante, pero eso
ya es otra historia.
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