BICICLETA DE MONTAÑA: TRANSGUADARRAMA

EL ESCORIAL – CANENCIA (112 Km)

Por Olga Antolín y Antonio Espín

  

DATOS TÉCNICOS

 

LUGAR

ALTITUD

PARCIAL (Km)

PARCIAL ( T )

ACUM. (Km)

ACUM. ( T )

El Escorial

1.030

0

0

0

0

Pto. Del Malagón

1.534

11,88

1:17

11,88

1:17

Collado de la Mina

1.710

12,84

1:07

24,72

2:24

Pto de los Leones

1.511

5,32

0:23

30,04

2:47

Cercedilla

1.188

10,59

0:57

40,63

3:44

Pto. De la Fuenfria

1.796

13,09

1:24

53,72

5:08

Carretera 7 revueltas.

1.275

8,23

0:31

61,95

5:39

Pto. De Cotos

1.830

6,15

0:59

68,1

6:38

Campamentos el Paular

1.200

13,49

0:52

81,59

7:30

Pto. De la Morcuera

1.796

11,42

1:24

93,01

8:54

Pto. De Canencia

1.524

9,87

0:43

102,88

9:37

Canencia

1.150

9,16

0:19

112,04

9:56

 

TOTALES

DISTANCIA

TIEMPO

VEL.MÁX.

VEL.MEDIA

 

112,04 km

9h 56min

56,6 km/h

11,26 km/h

 

GRÁFICO DE PERFILES

 

 

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO

 

112 kilómetros por la Sierra de Guadarrama, con sus cuestas, sus mini-comidas y sobre todo muchas, muchas vacas. Un itinerario recomendable, aunque se pasen peripecias como las que nosotros hemos ”disfrutado”, pero que nos han hecho descubrir que lo que más nos gusta es la aventura y lo que conlleva...

 

La travesía tuvo su forja, su idea y planteamiento en varios fines de semana anteriores, en los cuales pudimos darnos cuenta de que entre lo que uno se piensa y lo que realmente es posible hacer, hay una ligera diferencia. No voy a relatar aquí cuáles son esas diferencias, ya que todas se resumen en una, en esa época del año, en los transportes que dejan llevar las bicis, etc.; sólo lo pudimos hacer de esta manera:

 

Todo empezó en un ascensor y en la forma caótica de introducir en él las bicis, alforjas, esterillas, sacos; menos mal que hay que ser un cenizo para pasar tal trance sin partirse de risa, en nuestro caso fue el detonante de ese y otros momentos realmente cómicos.

 

En fin, nos dirigimos en nuestros “armarios portátiles” a la estación de RENFE más próxima, Nuevos Ministerios, cogimos el tren que salía a El Escorial a las 17’30 y llegaba a las 19’30, empezamos con los estiramientos y una vez acabados éstos nos pusimos a dar a los pedales en dirección a la Casita del Príncipe, un parque que cruzándolo, te lleva delante del Monasterio.

 

Una vez en la puerta principal del Monasterio cogimos la carretera que pasa por él, torciendo a la derecha y tras pasar bajo unos arcos pillamos toda una serie de cuestas, las cuales nos pusieron a tono de lo que nos esperaba. Tomamos la carretera que sube a Abantos y dado que subimos hechos unos “toritos”, y quedaba algo de luz, seguimos pedaleando hacia Peguerinos y en un pinar bien chulo con mesitas incluidas plantamos la primera dormida. Cenita guay, estiramientos, fuente cercana, y lo mejor, dulces sueños.

 

Más de 100 km

 

Tras la noche viene el día y con él, el principio de una larga jornada. Desayuno y ¡ala!, a las bicis. Comenzamos con una buena bajada, todo para desentumecer los músculos y aprovechar el fresquito mañanero, antes de volver a sufrir las cuestas que nos llevarán al Puerto de la Mina. Desde allí, una bajada un poco incómoda por el firme de la pista, y llegada al Puerto de los Leones. ¡Qué bien sienta un cafetín con pastita incluida y sentada en algo que no sea el sillín de la bici!.

 

Tras el lapsus de la terracita del bar, vuelta a lo nuestro. Unos pocos kilómetros de carretera, bajada a Cercedilla porque los de ICONA, en la temporada estival, cierran la pista del valle del río Moros para prevenir  posibles incendios y vandalismos de todos esos que van al monte a hacer lo que en su casa no se les ocurre. Así que bajada que no estaba programada por pista de tierra, fotos a La Peñota, sol a raudales, y aromas de buena comida llegando a los chalés. Pasadas de vayas con izadas rompebrazos, los míos no, eso se lo dejaba a mi compi Antonio, buen chico.

 

Llegamos a la estación de Cercedilla y empezamos la subida hacia Las Dehesas. Un comienzo fuerte, pero con el plato mariquita y bajo un sol potente, llegamos al Mirador. A partir de ahí, la subida se suaviza hasta La Fuenfría. Llegamos y ¡qué hambre!, de esos que hacen historia. La pena es que con eso de que la comida pesa nos acogimos a lo de “poco peso pero muchas calorías”, y la verdad, no es tan  suculenta como la de mesa puesta, pero ya llegará nuestra hora y nos daremos un homenaje.

 

Después de la comida, bajada preciosa hacia la Fuente de la Reina por los pinares de Valsaín, para una vez llegando a la carretera y tras unos kilómetros pinos, cruzar una cancela a mano izquierda para seguir la pista que nos conducirá a Cotos. No sé si estábamos ya cansados, pero lo de la subida fue penoso. Antonio bien, no se bajó de la bici en ningún momento; yo iba como un alma en pena, ahora me bajo y ahora no. La verdad es que las rampas más sufridas las hice andando.

 

¡Por fin Cotos!, bienvenida a la Venta Marcelino. Cenita acompañada de refrescos y qué os voy a contar, una gozada. Todavía nos quedaba bajar hacia el desvío de la Morcuera y buscar un buen lugar para sobar o planchar la oreja, como gustéis. El sitio apareció y de lujo, pinos, prados y pozas de agua nos rodeaban; luego estiramientos y lo mejor, la leche con deliciosos grumos para seguidamente perder el conocimiento en el sobre.

 

Último día, fin de jornadas de pedaleo. El tiempo sigue acompañando. Tras levantarnos, hacer los estiramientos oportunos, asearnos como podemos y desayunar, comenzamos a recorrer el último trozo de bajada que nos llevará a la pista que sube a la Morcuera.

 

Se hizo una parada en la fuente para degustar una limonada fresquita marca Tang y seguimos. Alcanzamos el refugio de la Morcuera, desde allí pillamos la carretera a la izquierda para llegar a una cancela a mano derecha que nos guía por una pista hacia el principio de la bajada a Canencia. Llegada a un pinar merendero con los “devora-chuletas”, también llamados domingueros. Nuestros jugos gástricos empiezan a dar cuenta del hambre, por ello ponemos el turbo y tras la entrada triunfal en Canencia, parada en seco en el bar donde degustamos un menú de cuatro para dos. ¡Qué felicidad!, con deciros que al ver la cara de satisfacción que poníamos el cocinero nos adelantó los menús para el invierno, dijo algo de cocido y fabada.

 

En resumidas cuentas, querer es poder, y fue una travesía preciosa y divertida que deja ganas de repetirla en su época invernal, rodeados de nieve. El paisaje debe ser alucinante, pero eso ya es otra historia.

 

 

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