Libro de Piadas

<Mándanos tus experiencias, relatos o sugerencias>

 

·         Hace poco, 3 parejas decidimos ir a El Berrueco, un pequeño pueblo situado cerca de La Cabrera (Madrid). Pensamos en una Casa Rural para 6 personas, llamamos para reservarla, nos responden que solo les quedan bungalows en un camping cercano, “El Picachuelo”, y lo alquilamos. Cual es nuestra sorpresa al llegar que el encargado, una persona amargada y sin ánimo de hacer nada en la vida, nos dice de malos modales que los bungalows son para ¡¡¡5 personas!!! y que bajo ningún concepto podremos ser 6. ¡Ahora nos lo dice!. Pasamos el día en un bungalow de 20 metros cuadrados para 5 personas, aunque eso hay que decirlo, muy bien equipado y muy limpio. El problema se vería si volviera (que no lo haré) en verano, cuando a 40º tengas que dormir en esa "casa". Empezamos a pensar en como burlar a esa especie de conserje, ya que cada vez que sales de la casa esta vigilando el camping, tiene mas pinta de secta que de camping ya que para entrar tienes que hacerlo por una puerta, que ya la querrían muchas casas de famosos, y con el coche; que no se te ocurra hacer sonar la bocina porque serás agraciado con un maravilloso ladrido de nuestro amargado encargado del sitio. Salimos los 6 del camping para 2 horas después volver 5 y el otro saltarse las 2 vallas exteriores y poder pasar la noche, se mete corriendo en la casa y a disfrutar de nuestros 20 metros cuadrados. Por lo demás es un sitio espectacular para la bicicleta de montaña, con mucho terreno, campo, caminos y piedras donde pasarse unos buenos días; aunque mi conclusión final es no volver al menos mientras no exista otra alternativa. (Sk8/Coslada)

 

·        Por fin de vacaciones. Una semanita del mes de julio para conocer la costa norte de Girona y la zona más oriental de la cordillera pirenaica. Ocho horas de viaje en nuestro nuevo coche, toda una gozada para el que disfruta conduciendo. Además vamos sobrados de espacio pues es un “break” y solo viajamos dos personas y nuestro perro, que se llama Thor (aunque esto último no es del todo cierto ya que M.José está embarazada y somos ya casi cuatro en la familia). En realidad, una semana no puede dar para mucho y nosotros tampoco somos personas que sientan la necesidad de sacar el máximo partido en cuanto a querer conocerlo todo. Sí nos gusta disfrutar lo máximo del sitio en el que estemos. De esta manera disfrutamos de las cenas de la casa rural en la que pernoctábamos, estuvimos en la playa, conocimos Cadaqués, Figueres, y Cap de Creus.

 

Pero antes de todo esto, sin ir más lejos, el segundo día de estas vacaciones decidimos comenzar por conocer la Serra de l’Albera siguiendo los consejos del dueño de la casa rural. Allí, según nos indicó, encontraríamos alguna ermita en ruinas y rutas de montaña para caminar. Nos pusimos en marcha y, tras pocos kilómetros de asfalto, nos adentramos en zona de montaña por caminos de tierra. La paz más absoluta nos rodeaba mientras circulábamos lentamente sin destino fijo. El coche nuevo se viste de todo terreno aunque, a decir verdad, le mimo y procuro que no coja ningún bache. No me importa que se vaya llenando de polvo y que el calor empiece a pegar ahí fuera porque vamos herméticamente cerrados y perfectamente aclimatados dentro del vehículo. Nunca tuve un coche con climatizador y, sin duda, era consciente de mi fortuna porque hasta ahora cuando viajaba en mi antiguo coche, si tenía calor debía bajar las ventanillas, y cuando tenía frío, también, pues si no lo hacía se empañaban los cristales. Hasta Thor debería ser consciente de su situación privilegiada. El tío viaja como un rey en la parte trasera del coche. Va observando el paisaje, como nosotros, y cuando se cansa o se aburre se tumba en su alfombrita de goma y, ¡hala, a dormir!. Este día era para gozar, tanto él como nosotros. Además era la primera salida de la casa rural, la primera excursión de estas mini-vacaciones.

 

Son aproximadamente las once de la mañana y ya estamos en plena naturaleza. Bien es cierto que no es nada espectacular. Se trata de monte bajo, los pirineos en estas latitudes ya han perdido la espectacularidad de las cumbres de su zona central y son una depresión que acabará por morir en Cap de Creus. Sin saber si más adelante nos espera algo más atractivo, decidimos parar en un pequeño valle presidido por unas ruinas que ya nos advirtió el señor de la casa rural que encontraríamos. Allí no había más que un pequeño riachuelo atravesado por un paso de madera que dos señores estaban reparando. En la parte baja de una de las laderas que conforman el valle, había un chiringuito que parecía cerrado aunque en su puerta se encontraba aparcado un vehículo con el maletero abierto y que parecía contener cajas de bebida o algo así. Vamos, intuimos que estaban preparando abrir el chiringuito. Paramos el coche cerca de las ruinas, cerramos las puertas y abrimos el maletero. Nuestro perro, como siempre, en cuanto ve abierto el maletero salta hacia fuera asociando esta circunstancia a un montón de posibilidades sin duda placenteras para él: hacer pis, aprehender cientos de aromas desconocidos para él, volver a hacer pis, meterse en el riachuelo, ladrar a la corriente de agua, llegar a ti mojado y sacudirse lleno de felicidad y seguir haciendo pis. Nosotros paramos un momento a ojear el lugar, inspirando aire con total relajación, siendo conscientes de que tomas aire, de que dejas atrás la contaminación y el estrés de Madrid. ¡Fuera estrés!, ya está bien, hay que recuperar al cuerpo y a la mente, hay que descansar. Pero, M.José y yo nos miramos y llegamos a la conclusión de que el lugar tampoco era la bomba. De hecho prácticamente no había sombra donde cobijarse y seguramente que, teniendo en cuenta que era pronto, si nos adentrábamos un poco más en la montaña, encontraríamos algún lugar más agradable. Total, que inmediatamente decidimos volver al coche, ya un poco sucio.......por fuera. El camino a seguir era único: o volvías por donde viniste, o sigues por aquella ladera que parece subir hasta una pequeña cima y que intuimos que sale del valle y va hacia alguna parte que nos apetecía descubrir.

 

Levantamos la puerta del maletero del coche y, como siempre, a la voz de ¡arriba Thor!, el perro deja sus distracciones y obedece a sus amos con diligencia dando un salto elegante hacia el interior del maletero. Bajamos la puerta del mismo, cuarto de vuelta de llave hacia la derecha para cerrarla, y motor en marcha. Nos dirigimos camino arriba en busca del paraíso. A medida que subimos la cuesta vemos que va quedando atrás el pequeño valle, que cada vez vemos menos porque las ruedas del coche van levantando cada vez más y más polvo tras nosotros. Pero nosotros, tranquilos, cuanto peor es el camino circulamos más despacio. Llega un momento en que el camino deja de ser cuesta arriba y desde allí vemos la posibilidad de bajar a otro vallecito, y empezamos a descender, muy lentamente, pues el camino se vuelve especialmente bacheado en un pequeño tramo. Detrás de nosotros la nube de polvo que advierto perfectamente por el espejo retrovisor. Y el perro, el pobre, que debe estar hasta el culo de tanto viaje y tanto bache, tumbadito en el maletero, pues he mirado varias veces por el retrovisor y no da señales de vida. Por fin, bajamos un poco más y decidimos parar. Parece que hay un rinconcito al lado del camino que permite aparcar el coche y un poco más adelante, el camino se mete entre los árboles prometiendo un bonito paseo bajo la sombra. Pues bien, ya está, ahora empieza lo bueno. Aparco el coche al lado del camino, bajo, estiro un poco las piernas y me dirijo a la parte de atrás para dar nuevamente libertad a Thor.

 

¡Cago en Dios!. ¿No dejé el estrés en Madrid?. ¿Qué hace la puerta del maletero abierta?. ¿Dónde está el perro?. ¡M.José, sal del coche!. ¡Mira esto!. ¡No lo entiendo!. ¡Esto es surrealista!. ¿Dónde está Dalí?. ¡Me cago en su padre!. Ella, la pobre, tiembla mientras me interroga. Y yo, pobre de mí, trago saliva y sudo la gota gorda, se acabó aire acondicionado. Ya decía yo que la nube de polvo que nos perseguía era muy insistente, realmente estaba dentro del coche. Se había abierto el maletero, no sé cuando. Se había marchado el perro, no sé cuando. ¡Dios, mi coche!, hacía poco más de una hora sólo tenía polvo por fuera y ahora hay polvo hasta dentro del cenicero. ¡Dios, mis vacaciones!, es el primer día después de llegar a la casa y me encuentro aquí, perdido en el monte, perdido mi perro y a punto de perder a mi mujer, desquiciada, embarazada.... ¡Dios mío, mi mujer!. ¡Ella es lo primero!. ¡Amor mío, no sufras!. ¡Hay que guardar la calma, no te preocupes, el perro aparecerá!.

 

Lo inmediato era pensar que de haberse levantado el maletero y haber saltado el perro, lo lógico sería que éste, al ver que el coche seguía circulando, lo siguiera. Porque el perro no es tonto. El sabe que los amos van en el coche y se alejan. Lo más seguro era que viniera detrás de nosotros, por lo que decidimos meternos en la pocilga de coche que teníamos y caminar hacia el punto de partida. Pero enseguida admitimos que la idea de que el perro viniera detrás de nosotros no era del todo sólida. De echo este perro es un tanto ignorantón. Seguro que, como siempre, en cuanto vio que la puerta del maletero se levantaba saltó, con la elegancia que le caracteriza, y se puso a hacer pis y a olisquear por los matorrales de la sierra repleto de felicidad. ¡Qué maricón!. Y nosotros aquí desquiciados, buscándole como quien busca a su hijo perdido en el supermercado.

 

-Mira M.José, tranquila, seguro que aparece en cualquier momento.

-¡No!, dice ella. ¡Va a morir!. ¡Pobre!. ¡Creo que está por allí!, ¡me ha parecido oírle!.

-¿Dónde?- le pregunto yo.

-¡Por allí!- me responde ella.

-¡No me lo puedo creer!, ¿me estás diciendo que le has oído ladrar por aquella zona?-.Guardamos silencio los dos durante unos instantes para ver si el perro volvía a intentar comunicarse, pero nada, no se oía mas que el murmullo del viento. Aparte de esto, solo silencio. Empezamos a gritar su nombre, pero no recibíamos respuesta alguna.

 

Decidí convencerla de que lo mejor era que yo volviera con el coche hasta el primer valle mientras ella permanecería allí por si volvía a sentir la presencia del can. Y así lo hicimos, pero en cuanto anduve unos minutos camino atrás decidí volver con ella. No estaba tranquilo dejándola sola y volví a buscarla. Nos encontramos en la parte alta del camino, desesperados, yo con un nudo en la garganta conocedor de lo que es el despiste absoluto y resignado a unas vacaciones de aupa, ella como una Magdalena, pobrecilla. Pero ¿Cómo?, insiste la condenada en que le ha oído gemir por allí. Pero, ¿Cómo es posible?, yo no oigo nada y ella reitera que le oye gemir. No cabe duda debe estar entre las zarzas. Ha querido perseguir al coche cuando veía que nos íbamos y ha querido alcanzarnos por el camino más corto, atravesando este tramo de monte atestado de zarzas. Amor mío, si es así, me temo que morirá. Es más, si ahora dices que no le oyes, puede que haya fallecido o que ya no tenga fuerzas para gemir. Y nosotros no podemos cruzar por ahí. Lo mejor es volver, nos queda la remota posibilidad de que nos esté esperando en el riachuelo del valle donde se encontraban aquellas ruinas. ¡Vámonos!.

 

Otra vez en el coche, volviendo al punto de partida todavía más lentamente por si, aunque fuese moribundo, apareciera por el margen del camino. Silencio y lágrimas en el interior del polvoriento “break”. Ya, abajo, se comienzan a ver las ruinas y el pequeño valle. La tristeza nos aplasta mientras casi en punto muerto seguimos bajando la ladera. Nuestros ojos llenos de agua perciben el tono grisáceo de las ruinas, el verde de la pequeña praderita que atraviesa el riachuelo y que cruza una cosa negra.....

 

¿Qué es eso negro que se mueve por el valle de un lado para el otro, cerca del riachuelo?. ¡Parece un bicho desesperado que va disparado de un lado a otro sin parar!. ¡No me jodas!. ¡No me jodas!. ¡No me jodas!. ¡No puede ser!. ¡Es él!. ¡El capullo!. ¡El capullo de mi perro!. ¡Mariconazo!. ¡Thorpedo!. ¡Thormento!. ¡Ahí estaba el muy maricón!. Buscando a sus amos corriendo de un lado al otro del valle. Seguramente no cerramos bien el maletero y al coger el primer bachecito del camino se abrió la puerta muy lentamente, porque tiene una apertura hidráulica de categoría, y el capullo saltó, con la elegancia que le caracteriza, para pasar la mañanita olisqueando los rincones del lugar y soltando meaditas por doquier.

 

Y todo esto en cosa de tres horas, menudo desgaste, como para pretender empezar ahora con la caminata montañera que teníamos prevista. El caso es que nos encontrábamos de nuevo en el primer valle y teníamos que decidir en qué ocupar lo que nos quedaba de día, se nos ocurrió pasar nuevamente por el lugar del desastre (donde dimos por desaparecido al capullo), y continuar por el camino que en principio pensábamos hacer a pié, pero esta vez en el coche. Total que nos pusimos otra vez en marcha, esta vez llenos de polvo, y cuando nos dimos cuenta estábamos pasando por un camino que nos situaba en Francia. En el instante en que ese camino se volvía de alquitrán nos encontrábamos en el país vecino. Y nada, todo tieso y comenzamos a atravesar pequeñas aldeas y pueblecillos franceses. El paisaje que nos rodeaba se caracterizaba principalmente por la existencia de plantaciones de vides. Poco a poco fuimos alcanzando la costa del sureste francés a la altura de Banyuls, y a partir de ahí nos dirigimos hacia el sur pegados a la costa. Una vez atrás el último pueblo francés, Cerbère, llegamos a Portbou (ya en Girona) y paramos para comer y descansar. La comida fue relajante y, después de comentar los detalles del suceso matinal, comenzamos a hacer proyectos para aprovechar los días que nos quedaban. A partir de aquí todo fenomenal, visitamos Llançà, Cadaqués (dos veces), Figueres (y por supuesto el museo Dalí), Roses (demasiado turístico) y Empuriabrava, entre otros lugares. También tuvimos tiempo para ir a la playa y tomar el sol. Sólo nos faltó un día de montaña como Dios manda, sin sobresaltos, pero eso ya será en otra ocasión. De momento nos conformamos con habernos traído este emocionante recuerdo que hemos querido compartir con todos vosotros que conectáis con “Alpirineo”. Aprovechamos la ocasión para enviaros saludos a todos y, ¡hasta otra ocasión!. (Jose (J.Arias)/Leganés)

 

·         Tengo unos colegas que me pusieron de apodo "Malabestia". La verdad es que este apodo me lo he ganado a pulso...

Todo empezó un día de Febrero. La actividad en cuestión era pasar una agradable mañana de domingo por los campos de Rivas-Vaciamadrid practicando una de nuestras actividades favoritas  "bicicleta de montaña". Los componentes de la salida eramos tres: Urko, Hiroito y el que suscribe. La salida iba a ser de lo más tranqui, 20 km., sin cuestas, etc, (eso fue lo que le dijimos a Urko para que se animara). No se si fue casualidad del destino o mal de ojo pero el caso es que sólo ellos hicieron los 20 km. en bici, yo en cambio fui montado 10 km. a la ida y los de 10 de vuelta me toco volver corriendo llevando la bici por el manillar. La razón, muy sencilla, "partí el cuadro". Simplemente tomé un badem un poco rápido y sonó golpe sordo. Son esos ruidos que piensas, "algo se ha jodido pero yo sigo montado". De repente empezé a notar que la bicicleta parecía de chicle y decidí parar. Pude ver que el tubo más gordo del cuadro se había seccionado a 5 cm. de la soldadura de la horquilla. Yo creía que estas cosas no pasaban en un cuadro de aluminio pero  pasó. Después, lo típico, llamas a tu colega a gritos para enseñarle lo que has hecho y el hace lo propio, "se descojona como 5 o 10 minutos sin parar" y al final a ti también te entra la risa. Después fuimos a buscar a Urko, el tio estaba tirado en el suelo al lado de una caseta de obras. Cuando me ve lleguar andando me pregunta: -¿qué has hecho?, -compruébalo tu mismo, empezó a observar la bicicleta todo serio, y en cuestión de 5 segundos tuvo la mismo reacción que mi otro compañero: -JA, JA la has roto, JA, JA". Lavuelta fue de lo más divertido sobre todo para mí.

Después de este pequeño percance hice lo propio ir a una tienda a comprarme otro cuadro: aluminio, serie 5000, BH TOP-LINE, 5 años de garantía, 22.000 pelas ... Parecía blindado, y digo parecía porque estoy convecido que el señor Murphy existe. Después de unos meses de uso volví a las andadas. Esta vez el suceso ocurrió en el aparcamiento de coches de Makro, era viernes por la noche y el sábado teníamos planeado hacer una salida por la sierra. Mi bici para variar estaba llena de barro así que tenía que lavarla. En cuestión de cinco minutos estaba con la bici encima del portabicis, esta vez tuve la precaución de montarla fuera del garaje para no meterle otro golpe con el techo como el que se llevó hace ya bastante tiempo, pero volvamos a ese viernes que seguro que era 13. Makro estaba a punto de cerrar sus puertas, los aparcamientos estaban vacíos así que me dije "joder, voy a atajar que no me da tiempo a lavarla", y como no había coches pues "hala, a toda hostia en línea recta (a unos 60 km/h)".....     Todavía está abollado el tejado de los aparcamientos, y lo peor de todo, todavía me están chillando los oídos de escuchar las risas de una familia que estaba cargando el coche con sus compras. Después de frenar y darme un susto de muerte, bajé del coche a ver que le había pasado a la bici. "Aparentemente" no le había pasado nada así que la recojí a unos 10 metros por detrás de mi coche y me volví todavía escuchando algún "JI, JI". La sorpresa fue cuando ví el portabicis: del golpe, las correas que sujetan las ruedas se partieron por la presión que ejerció la bici, una barra de la baca se dobló hacia abajo y me hizo un soberbio arañazo parecido al de un "velociraptor" arremetiendo contra el coche. Así que la bici al maletero, la lavé y "pa casa".

A la mañana siguiente cuando vas a recoger a tus colegas y te preguntan -¿Por qué no llevas el portabicis?, -bla, bla, -¡JA, JA, pero que bestia!. Sin embargo, la segunda sopresa del fin de semana vino cuando fui a subir el sillín y ...: había saltado la soldadura del tubo donde entra la tija del sillín. Así que después de otros 10 minutos de carcajadas empezé a maquinar como engatusar al depediente de la tienda para explicarle que la soldadura había saltado por la buenas. La historia coló y ya voy por el tercer cuadro que, por cierto, tiene una garantía de 5 años. (Toño/Madrid)

 

·         Debo decir que no soy una deportista nata, ni siquiera una deportista a secas. Hasta hace poco tiempo, cuando alguien me decía que había subido un dosmil o un tresmil, entendía que le habían subido el sueldo.  Además, odio madrugar y hacer una salida a la montaña te obliga a ello. En fín, son factores que, unidos, hacían que la montaña y yo fueramos totalmente incompatibles. Pero mi pareja adora este tipo de deporte aunque tampoco lo haya practicado mucho, así que, sacrificándome por él (porque para mí esto era un sacrificio), empecé a hacer excursiones a la montaña con amigos que están metidos en este mundillo.  Y ya he hecho algunas salidas, cada vez mas durillas, pero siempre geniales. Los paisajes, la gente, el ejercicio, las risas, la satisfacción, todo es  mejor, incluso la comida te sabe más rica cuando te la comes, después del esfuerzo, en la cima de la montaña. Ahora me alegro de los madrugones, de las caminatas y de todo lo que significa hacer una salida el fín de semana, haciendo que aproveche y disfrute mucho más el día que cuando me acostaba a las 4 de la madrugada  y me levantaba para comer. Así que doy las gracias a todos los que me ayudan poco a poco a meterme en este mundillo que cada vez me gusta más. (Mercedes/Getafe)

 

·         Hace ahora año y pico aproximadamente, me convencieron para emprender lo que para mí, "pensaba", sería algo imposible; era una actividad deportiva en bicicleta de montaña. La actividad, me decían, durará unos 15 días, dormiremos en albergues y transcurre por el norte de España. Como podréis adivinar me proponían hacer el Camino de Santiago desde Roncesvalles. El viaje lo emprenderíamos 3 chicas y 4 chicos entre 17 y 50 años y un "coche de apoyo", eso me gustaba, la idea de no cargar con la casa a cuestas era muy reconfortante. Por fin después de mucho pensar decidí que sí, que lo intentaría. De esto hace un año y podéis creer que ha sido una de las experiencias mas enriquecedoras que he vivido. Hicimos el camino "por el camino", es decir, "no por la carretera", y aunque muy duro en algunos tramos, recomiendo a todo el mundo que lo añada a sus planes de futuro. La experiencia fue "increíble". Lo que empezó como algo deportivo, cultural y también porqué no decirlo religioso, se convirtió en un cúmulo de experiencias compartidas con peregrinos de todos los países, hospitaleros, lugareños y por supuesto con mi grupo. Quiero dar las gracias a todos los que hicieron posible aquello. (Pipri/Madrid)

 

·         La primera vez que fui a Sallent de Gállego - Respomuso, oí de varias personas que el guarda del refugio era un borde. Yo hice mi ascensión y no reparé mucho en él. Dos días después entré en el mismo refugio desesperado con un gran dolor en mi rodilla izquierda, un gran macuto de 20 kg y unos buenos compañeros que querían ayudarme pero no sabían como. En ese refugio no sólo no encontré esa bordería de la que me habían hablado sino que conocí a Ursi Abajo, un alpinista con gran experiencia que supo decirme exactamente aquello que necesitaba oir. No pasaron ni 30 min. y me encontré como por arte de magia encima de una mesa de rayos X, al poco mi pierna inmovilizada y un grato diagnóstico: esto se cura. Pienso que ese atisbo de bordería es producto de la moda que sufre la montaña, de los usuarios que van allí, no respetan al prójimo, piensan que es un lugar donde comportarte de la misma manera que en tu casa y esto es un gran error. Pues bien, desde aquí un fuerte abrazo para Ursi, para mis compañeros y para el excelente cuerpo de rescate en montaña de la Guardia Civil al que le ha tocado sufrir en sus carnes y en ese precioso lugar que es Sallent de Gállego el inútil zarpazo del terrorismo. (Míguel/Madrid)

 

·         Estoy harto de ver como hasta el tate te pone la zancadilla a la menor ocasión: Cuando vas por la carretera siempre te encuentras con algún espabilado que te la juega, si estás en el trabajo algún listillo te intenta pisar, en la cola de la compra Doña experiencia se quiere colar. Está bien, pensaba, mataros si quereis pero yo paso, me voy al piri y a la vuelta me lo contais, en la ciudad somos muchos y suceden estas cosas, las tienes que soportar por no ponerte a la altura de la intolerancia, pero sí que puedes huir de todo y perderte en la sierra, allí siempre me he sentido protegido. Es una lástima pero una mala experiencia el pasado mes de agosto me ha abierto los ojos a la realidad, también en la montaña hay que luchar contra esa maldita intolerancia: Lugar La Canal Roya. Tras un precioso vivac un magnífico objetivo, el Anayet. Operación rutinaria, esconder el armario. Disfrutar de una maravillosa ascensión para ver al retorno como te han levantado hasta las pestañas. Impotencia, repulsa y un profundo pesar: "¿Aquí tampoco me vais a dejar estar tranquilo?, no creo que sea mucho lo que pido, ¡¡PASAD DE MI!!". (Javi/Zaragoza)

 

·         Regalo cámara de fotos Samsung 38-105, solo 3 semanas de uso, razón de la venta: taladro del objetivo con una punta del crampón cuando intentaba frenarla de inminente caida por placa de hielo en la Norte del Carmochín en febrero-99, todas las piezas están rotas (taladradas muy limpiamente), ideal para exposición en vitrina interactiva sobre consejos de uso del material de montaña. (Toño/Madrid)

 

 

©2000 alpirineo.com. Todos los derechos reservados