ACLIMATACIÓN EN MONTAÑAS
ALTAS
Por Joaquín Colorado – Espacio
Acción
Guía de Alta Montaña-UIAGM
¿FALTA DE OXÍGENO?
ERROR DE CONCEPTO
En contra de la
creencia establecida, hay que tener presente de una vez por todas que no hay
menos cantidad de oxígeno en altitud que a nivel del mar. Entonces, ¿si hay el
mismo oxígeno en la cumbre del Everest que en cualquier playa de nuestras
costas, porqué nos vemos privados de él allá arriba?: porque lo que realmente
varía de forma sensible es la presión atmosférica.
A nivel del mar, la concentración de oxígeno en el aire se sitúa en
torno al 21%, y el barómetro nos marca un valor correspondiente de 760 mmHg
(léase milímetros de mercurio) en lo que se refiere a su presión atmosférica. A
medida que ganamos altura, ese 21% de oxígeno se mantiene presente, pero la
menor presión atmosférica provoca que el número de moléculas de oxígeno que
recibimos en cada gesto de respiración se vaya reduciendo. Por ejemplo a 3.700
m. de altitud, es decir, sobre el nivel del mar, la presión es ahora tan sólo
de 483 mmHg y recibiremos en nuestros pulmones un 40% menos de oxígeno en cada
inspiración, con independencia de que nos hallemos en reposo o en movimiento.
Siguiendo esta progresión descendente, que no llega a ser del todo inversamente
proporcional con la ganancia de altitud, a poco más de 5.000 m. recibimos un
50% menos de oxígeno, a 7.000 m. un 60%, mientras que a 8.000 m. la carencia es
de un 65 %. Resumiendo, no es la concentración del preciado gas la que importa
cuando respiramos, sino la presión con la que éste nos llega a nivel de los alvéolos
pulmonares, donde se produce el intercambio gaseoso con las células encargadas
de captarlo, o glóbulos rojos.
De forma ineludible, esta rarefacción en el ambiente que respiramos va
a producir una hipoxia celular en nuestro organismo con una clara
sintomatología: sensación de fatiga, dolor de cabeza, apatía, falta de apetito,
insomnio y a veces vómitos... De momento no hay que preocuparse mucho, son las
señas de identidad del MAL AGUDO DE MONTAÑA (MAM) que, lejos de considerarse
una maldición o fatalidad inmerecida, tenemos que pasarlo todos sin excepción
cuando participamos en trekkings o expediciones en altitud. Otra cosa es el
grado de repercusión que el MAM va a tener sobre nuestro futuro en la actividad
en cuestión, y ahí tenemos que intervenir nosotros. Según la francesa
Association pour la Recherche en Physiologie de L'Environnement (ARPE), una
persona de cada dos es afectada en forma manifiesta por el MAM, y una de cada
cien puede presentar complicaciones graves en forma de edema pulmonar y/o
cerebral.
MAL AGUDO DE MONTAÑA Y SUS ESCALAS DE GRAVEDAD: ¡NO LO DISIMULÉIS!
Los síntomas del MAM suelen presentarse en forma progresiva durante las primeras horas tras la llegada a una cota alta. Tienden a aumentar su intensidad durante la noche, cuando la frecuencia respiratoria es más baja. Una actividad normal, entendiéndose por normal tranquilidad y nada de esfuerzos, no tiene por qué verse interferida mientras los síntomas remiten poco a poco hasta desaparecer entre 2 y 4 días de permanencia a la misma cota, señal inequívoca de aclimatación a esa altitud. Hemos superado un MAM benigno y podemos ahora plantearnos la superación lenta y progresiva de nuevas etapas más altas.
Ahora bien, si la sintomatología típica inicial se mantiene insistente más
allá de esos primeros días, es evidente que la aclimatación correspondiente aún
no ha sido completa. Si el descenso no es complicado o está próximo, la pérdida
de altitud conllevará la desaparición de los trastornos y un favorecimiento del
proceso. En caso contrario, se puede aguantar a la misma cota, ¡pero sin subir
más!, para evitar la aparición del MAM grave en sus dos posibles y temibles
manifestaciones: Edema Pulmonar de Altitud (EPA) y Edema Cerebral de Altitud
(ECA).
·
EPA: por razones que desde un punto de
vista médico aún no han sido del todo bien entendidas, la disminución de la
presión atmosférica causa un escape hacia el exterior de fluidos a nivel de
vasos capilares, que puede inundar en mayor o menor medida los pulmones,
impidiendo el intercambio gaseoso imprescindible para la vida. Puede haber
sensación de ahogo y respiración ruidosa, cianosis (labios u orejas se ponen
amoratados o azulados), expectoración espumosa, a veces rosada. Puede acontecer
durante la noche, tras una jornada de esfuerzos sobredimensionados.
· ECA: por idénticos o parecidos motivos a los del EPA, en este caso es el tejido cerebral el que va a verse inflamado por escape de fluidos. Vómitos incontrolables y debilidad extrema, aunque no siempre, fuerte dolor de cabeza que no calma un analgésico, descoordinación, vértigos y trastornos del comportamiento, pequeñas hemorragias visibles en los globos oculares, estado de coma. Suele sobrevenir tras una prolongada estancia (más de una semana) a gran altitud (por encima de los 6.500 m.).
En ambos casos el riesgo es de muerte y la urgencia por tanto extrema, el descenso es imperativo (perder al menos entre 600 y 1000 m. de desnivel) ya sea en forma de evacuación, o de cámara hiperbárica, o de ambos recursos bien combinados con la administración de oxígeno artificial.
De forma más benigna, el exceso de líquido en el organismo puede antes
manifestarse también como hinchazón general en toda la cara. Para prevenir o
tratar los edemas se emplean fármacos de acción diurética (aumento de secreción
urinaria para eliminación de exceso de líquidos) como la acetazolamida.
Es más importante de lo que parece comunicar a los compañeros la
aparición de cualquiera de los síntomas apuntados. Rick
Curtis (Univ. Princeton) afirma que el MAM es considerado un problema neurológico
causado por cambios en el sistema nervioso central. Muchas personas tienden a
disimular sus trastornos o a achacarlos a otras causas: ¡gravísimo error!. Los
mejores alpinistas pueden presentar MAM como expertos marineros pueden marearse
en la mar. Organizaciones como la francesa ARPE o el IEMM de Barcelona
coinciden a la hora de recomendar el siguiente protocolo de valoración del MAM
tendente a clarificar la gravedad de los trastornos relacionados y una actitud
práctica frente a los mismos:
1 punto cada síntoma: dolor de cabeza, náuseas, pérdida de
apetito, insomnio, vértigo.
2 puntos cada síntoma: dolor de cabeza resistente a la aspirina,
vómitos.
3 puntos cada síntoma: disnea en reposo, fatiga anormal, disminución
en la secreción urinaria, incoordinación.
Puntuación Gravedad Tratamiento
1 a 3 Leve Analgésico
4 a 6 Moderado Analgésico,
reposo y
postponer
la ascensión.
más de 6 Severo Alarma
EPA/ECA, descenso.
DECÁLOGO PARA UNA BUEN ACLIMATACIÓN.
Cada consejo no es un axioma en sí mismo, hay que considerarlo en interrelación con los demás dentro de un contexto sujeto a multitud de variables, donde de entrada habrá que distinguir entre un trekking (carácter "nómada") y una expedición (campo base estable). Como dice el conocido ochomilista Oscar Cadiach, "tu organismo es el único al que no puedes engañar".
1- Mantenerse lo
suficientemente alto como para que el cuerpo estimule correctamente sus
mecanismos de defensa para la aclimatación. Importante para elegir la altitud
de un campo base. (Ej.: para una cumbre en torno a 7.000 m., campo base ideal
entre 4.800 y 5.200 m.).
2- No ascender
demasiado rápido por encima de 3.500 m.: media de 400 m./noche para una
actividad de más de tres días ascendiendo; o no más de 700 m. para un día si el
siguiente va a ser menos exigente.
3- No es tan
importante el punto más alto alcanzado durante la jornada como la altitud a la
que bajaremos a descansar al final de la misma (fase de reposo=noche).
4- El clásico
perfil de ascensión en "diente de sierra" favorece la aclimatación si
no se acompaña de esfuerzos excesivos y sí de períodos de reposo en el campo
base, tras estancias de más de una noche sobre los 7.000 m. o de más de dos
sobre los 6.500 m.
5- El perfil de
ascensión basado en "dar el tirón", es decir, intentar la cumbre
desde un punto más bajo del normal y luego descender a dormir lo más bajo
posible, reduce el período de aclimatación inicial y el número de noches en
altitud en beneficio de la fase de aclimatamiento (ver siguiente
recomendación), pero comporta altos riesgos y sólo es recomendable para
alpinistas muy experimentados en altitud, que ya utilizaron el sistema
"dientes de sierra" y que normalmente han pasado, justo antes de
empezar la expedición, al menos dos o tres semanas por encima de 4.000 m. sin
hacer nada especial.
6- Tras la fase inicial
de ACLIMATACIÓN, donde el tiempo juega a nuestro favor, sobreviene la de
ACLIMATAMIENTO, fase óptima entre 1-4 semanas donde nuestro organismo podrá
realizar el máximo esfuerzo en estado de buena forma (aunque por encima de
7.000 m. ésta última fase se manifiesta en menor medida).
7- Tras la fase de
ACLIMATAMIENTO sobreviene la de DEGRADACIÓN, donde el tiempo juega en contra
nuestra. Nuestro organismo se agota progresiva e irremisiblemente por esfuerzos
cada vez menos intensos.
8- No permanecer
mucho tiempo a alturas extremas. Se habla de una línea, que suele colocarse en
torno a los 6.500 m., a partir de la cual el organismo ya no se repone por
mucho descanso, bebida o comida que pudiera recibir. En la Tierra no hay ningún
asentamiento humano permanente por encima de 5.500 m. No es infrecuente
encontrar casos donde se manifiestan dolencias, incluso cardíacas, que en
altitudes más normales no se detectan.
9- Si hay una
obsesión que nos interesa tener, esta es la de beber, pensando en mantener unos
niveles de hidratación superiores a los normales.
10- A la hora de
ascender todo lo anterior puede resumirse en: “NI DEMASIADO RÁPIDO, NI
DEMASIADO PESADO (peso de la mochila), NI DEMASIADO ALTO”.
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